Comenzó una travesía él solo al no ser aceptado en una excursión que contemplaba una distancia de más de 3.700 kilómetros.Al arribar a destino, el hombre exploró Lhasa, capital del Tíbet, y contó su historia en una pausa para comer. Los sueños no envejecen y hacerlos realidad puede depender de un paso firme. Frente a un panorama que no lo favorecía un hombre en China es el vivo ejemplo de tal sentencia.